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El Puzle Internet

En una sociedad cada vez más tecnificada, donde ya pocos -y cada vez menos- son los que no dependen de una manera u otra de una “capa digital” para desarrollar parte de sus actividades ordinarias, una máxima procedente del ecosistema de los desarrolladores de aplicaciones está alcanzado el paroxismo: el de que las tecnologías han de ser transparentes para el usuario; es decir, la “usabilidad” o facilidad de utilización tan deseable, tanto para los software, los productos o incluso infraestructuras completas como el IoT.

Uno de los ejemplos que mejor puede encajar para explicar este fenómeno es el de Netscape Navigator, cuando en los albores de internet, allá por 1994 convirtió una tecnología como el “html” en un colorido mundo de páginas WEB donde el nuevo paradigma alcanzado fue la facilidad de acceso a los contenidos (dificultosísimos de escudriñar, por cierto, hasta ese entonces en aquel incipiente internet). Eso solo fue el comienzo, y hasta aquí hemos llegado: ahora nuevos retos donde criptodivisas como Bitcoin abren caminos inexplorados y “el problema de los generales bizantinos” queda resuelto a través de su tecnología subyacente del BlockChain… flota la nube.

Esa nube, aparentemente etérea, inmaterial, que recoge datos, cursa procesos y que gestiona realidades nada ilusorias sino muy tangibles, bajo unas capas de tecnologías las cuales se ha conseguido exitosa y eficazmente que permanezcan invisibles al usuario, ha supuesto que masivamente, fuera del mundo más tecnificado y especializado, la nube apenas pueda ser relacionada con sus entornos naturales; los Data Center. Sin que esto suponga en absoluto un problema o un obstáculo para el desarrollo, puesto que el usuario no necesita generalmente tener percepción de este Matrix que, a la vez, solo funciona correctamente si resulta imperceptible. Pero aprovechemos este espacio para aportar algo de luz, una pincelada muy somera sobre qué se esconde detrás de ese telón.

En los Data Centers es donde todas las piezas del puzle que componen parcelas de internet (esos espacios de nube que dibujan el cielo de nuestra realidad digital) aterrizan y ensamblan con precisión en una infraestructura que finalmente es energizada, refrigerada, securizada ante amenazas físicas, monitorizada en todos su parámetros ambientales. Y todo ello orquestado por un complejo equipamiento, no solo de software y hardware, sino también de equipos electromecánicos, un amplio elenco de técnicos especialistas, procesos, operativas, y todo en un régimen de funcionamiento de 7x24x365. O lo que es lo mismo, si detenerse ni en su funcionamiento ni en su funcionalidad, durante ningún momento de ningún día del año, y esto, año tras año. Todo un reto, siempre un reto.

Para cubrir estas necesidades de extrema continuidad de servicio y de absoluta integridad del dato manejado o almacenado pase lo que pase, están los Data Center de alta disponibilidad. Son los certificados a través de uno de los organismos internacionales más reputados llamado Uptime Institute como TIER-IV los que presumen de ser los de mayor disponibilidad y robustez. Y es en uno de estos bunkers digitales, donde una de esas piezas del puzle que compone internet y facilita nuestra cotidianidad opera desde el Campus Universitario de Espinardo en Murcia de manera continuada, y siempre, cómo no, intentado resultar transparente para el usuario.